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¿Por qué quiero tener una pareja, qué busco en ella?

¿Por qué quiero tener una pareja, qué  busco en ella?

A veces, casi nunca, nos hacemos esta pregunta tan importante: ¿Porqué quiero tener una pareja? Si mi búsqueda está basada en encontrar a una persona que me haga sentir mejor o que me aporte mayor confianza en mí mismo, es probable que termine dependiendo profundamente de ella con los peligros que eso representa para los dos.

Desde mi punto de vista, nadie me hace sentir nada, más bien,  alimentan lo que siento, para mí nosotros somos los artistas creadores de todo lo que sucede en  nuestra vida. Suponer que el otro me hace feliz o infeliz, es darle el poder de mis emociones y eso es tóxico. Esto está hablando de una necesidad que  “yo” le tengo que satisfacer al otro. Y basar relaciones en “necesidades o vacíos emocionales”, ¿sería parte de una correcta gestión de  mi inteligencia emocional? ¿Por qué?

Todos tenemos necesidades que satisfacer en todos los aspectos de la vida. Al hablar de una necesidad estamos hablando de una carencia ¿verdad? Si necesito es porque no tengo o porque lo que tengo no me alcanza (escasez). ¿Cuántas personas que conozcas expresan esto en palabras o se lo plantean? ¿Escuchaste alguna vez decir a alguien “me puse de novio porque necesito volver a confiar en mí mismo y esa flaca me da confianza, me hace sentir seguro” Puede que te haya pasado como puede que no. La mayoría de las personas no se plantean estas cosas y mucho menos las dicen explícitamente, sin embargo es sumamente comprobable en su comportamiento.

Moviendo las fichas de lugar

Iniciar una relación de pareja desde una necesidad emocional, inconscientemente lleva a aplicar la expectativa de saciedad de esa necesidad en el otro. ¿Qué necesito para comprar comida? Dinero. El capital sacia mi necesidad directamente, ¿verdad? ¿Cómo influye esto en mi vida de pareja? Esta cosa que tienen los novios de decir “Te necesito” a mí siempre me hizo ruido. Que una pareja esté conmigo por necesidad, se traduce en que yo me convierto en un objeto cuya función es (“tengo” que) saciar sus vacíos. Y esto supone una carga enooorme para mí y una frustración constante para los dos, si yo no llegase a tener alguno de los condimentos que el otro necesite para calmar su hambre. Mi pareja viviría reprochándome la vida, y yo sufriendo por no tener herramientas. ¿Qué pasaría si corremos las expectativas de lugar?

Tal vez podríamos ver que el otro Ser no es el objeto que va a  llenar vacíos emocionales, sin embargo la pareja puede llenar vacíos en cuanto a la producción de conocimientos sobre esos vacíos emocionales. Recordemos que actuamos como espejos. Lo que veo en el otro, sea sano o no, es lo que yo tengo. Y mis reacciones a esos enfrentamientos, son los que me dicen si eso que veo me gusta o no. Ese espacio de diálogo con el otro, (no el otro en sí) es el que me puede enseñar mucho de mí mismo.

La mayoría de las personas hemos caído en poner nuestras expectativas en el otro, y el otro es un ser imperfecto como nosotros mismos, ¿Qué nos hace pensar que el otro tiene que darnos una plusvalía para llenar lo que nosotros no podemos? ¿No pensamos que cada uno hace lo que puede con su propia existencia? ¿De qué manera le doy la oportunidad al otro de que sea él mismo si le estoy pidiendo que se esfuerce un poco más para que sea como yo necesito para llenar mis vacíos y mis expectativas? Claro, eso sí, cuando vos permitís que el otro sea él mismo, ¡no cabe reproche! ¡Báncatela porque ya no podrás manipular!

¿Entonces?

Ok, pero entonces ¿Qué espero del otro? Cada uno tiene su propia visión, mi abuela me dice “nena no esperes nada de nadie, disfruta lo que puedas de todos.” “Esperar lo que dependa de mí”, diría yo. Desarrollar la inteligencia emocional es lo que me va a permitir saber si conviene o no utilizar lo que aprendo en la vida cotidiana, y aplicarlo en mi emocionalidad. Es decir, a no meter todo el aprendizaje en la misma bolsa y utilizarlo en todos los planos de la vida. Porque para mí, ahí es donde se pone de manifiesto la complejidad de entenderse a uno mismo, por ende a/con los demás, cuando aparecen contradicciones y uno a veces no logra descifrar porqué.

 

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